El taller EL NUEVO GEFE entrega herramientas prácticas para empoderar a quienes ejercen roles de conducción, expandiendo su propio potencial y, a partir de ello, el de sus equipos de trabajo, desde una mirada consciente de la felicidad laboral. Diversos estudios demuestran que las personas que se sienten felices en su entorno laboral alcanzan hasta un 31% más de productividad, según la investigación del profesor Shawn Achor, desarrollada con el respaldo de la Universidad de Harvard.
Para lograrlo, es necesario crear acciones, relaciones y entornos que transiten de la gratitud al bienestar y, desde ahí, a la felicidad, entendida como un estado que impulsa naturalmente la productividad. Con frecuencia, las organizaciones recorren el camino inverso, poniendo el foco inicial en los resultados, sin atender primero las condiciones humanas que los hacen sostenibles.
Independiente del área de gestión, quien hoy ejerce una jefatura está llamado a evolucionar hacia GEFE, una forma de liderazgo que va más allá de dirigir, para comprometerse con alcanzar metas, disfrutar lo que se hace y generar bienestar en quienes acompañan y confían en ese rol. Un GEFE es un GEstor de FElicidad, orientado a relacionarse de manera consciente con los stakeholders, desde el cliente y su familia, pasando por el equipo humano, los pares, los directivos y los accionistas de la organización.
Nic Marks, investigador especializado en los Índices de Felicidad revela que la salud, la felicidad, el amor y la riqueza, son las aspiraciones humanas más importantes, determinando que la riqueza es la menos importante, lo que de alguna forma explica por qué a las organizaciones no les basta pagar un salario competitivo, ya que, acorde con las aspiraciones, no están haciendo nada extraordinario o significativo en términos de felicidad de sus colaboradores.
El FIB (Felicidad Interna Bruta) es una propuesta de indicador de desarrollo complementaria al PIB (Producto Interno Bruto), que permite evaluar la calidad de vida desde una mirada integral. Considera dimensiones psicológicas, sociales y culturales, incorporando variables como bienestar psicológico, uso del tiempo, vitalidad comunitaria, cultura, salud, educación, diversidad medioambiental, nivel de vida y gobernanza.
Aunque a primera vista pueda percibirse como un enfoque subjetivo, el FIB traduce estas variables en métricas observables y cuantificables, permitiendo su seguimiento sistemático y su análisis comparativo en el tiempo.
"Como Gerente de Calidad, este programa me permitió identificar áreas de oportunidad para crecer profesionalmente y, al mismo tiempo, acompañar el desarrollo de las personas a mi cargo, integrando el pensamiento de accountability y la mentalidad del «Do It»."
El entorno global actual exige mayor preparación, agilidad y capacidad de adaptación. Vivimos en un contexto VUCA, caracterizado por volatilidad, incertidumbre, complejidad y ambigüedad, que obliga a replantear planes y estilos de liderazgo, sin perder de vista los objetivos ni descuidar la inspiración y la motivación de los equipos, muchos de ellos trabajando desde esquemas híbridos o remotos.
Para responder a este desafío, resulta imprescindible fortalecer la motivación personal, cultivar flexibilidad, empatía y enfoque, y trabajar de manera consciente la Employee Experience, entendida como la vivencia integral del colaborador a lo largo de su relación con la organización.
"El liderazgo consiste en elevar la visión de una persona hacia metas más altas, aumentar su rendimiento a estándares superiores y llevar su desarrollo más allá de sus propias limitaciones."
De acuerdo con estudios de Gallup, cerca del 87% de los colaboradores a nivel global no se sienten comprometidos con su trabajo, mientras apenas un 13% manifiesta engagement sostenido. Esta realidad impacta directamente en los resultados, la innovación y la sostenibilidad de las organizaciones, tanto privadas como públicas.
El compromiso no ocurre por inercia. Depende en gran medida de la forma en que se lidera, se comunica el propósito y se construyen entornos donde las personas se sientan valoradas, escuchadas y parte activa de la causa común.
El liderazgo basado exclusivamente en la posición jerárquica ha dejado de ser efectivo. La evolución natural conduce primero hacia un liderazgo relacional, centrado en vínculos, comunicación y valores compartidos. Sin embargo, el verdadero salto ocurre cuando se transita hacia un liderazgo de desarrollo, enfocado en potenciar capacidades, cultivar competencias y acompañar el crecimiento de los colaboradores hacia niveles superiores de desempeño.
Alcanzar niveles de Alto Desempeño es un proceso progresivo que atraviesa distintas etapas en la evolución de los equipos. Tradicionalmente se reconocen cuatro fases: Form, Storm, Norm y Perform (formación, conflicto, normalización y desempeño óptimo). Al llegar a esta última, el desafío no es solo alcanzar el rendimiento, sino sostenerlo en el tiempo, alineando productividad, misión, visión y valores compartidos.


